Opinión: Kafka en la orilla, de Haruki Murakami

En Kafka en la orilla, Haruki Murakami nos presenta las odiseas personales y, a su vez paralelas, de dos personajes de lo más curiosos. Por una parte, nos encontramos con Kafka Tamura, un chaval de quince años que decide irse de casa tomando rumbo hacia Takamatsu, un pueblo en el que encontrará una biblioteca privada en la que pasar el tiempo y vivir diferentes experiencias. Por otro lado, también conoceremos al señor Nakata, un hombre de setenta años que sufrió un accidente de pequeño que le provocó cierta discapacidad, ya que tiene dificultades para leer, escribir y comprender algunas cosas. Aún así, desde ese accidente, Nakata puede hablar con los gatos y vive una vida tranquila, hasta que se ve envuelto en un trágico suceso que le obliga a irse de Tokyo y conocer a Hoshino, un conductor de camiones que le acompañará en su viaje. Poco a poco, Murakami nos irá mostrando varias situaciones en las que ambas vidas se acabarán relacionando y podremos constatar que, tal y como dice Oshima, otro personaje de la novela, no es el hombre quien elige el destino sino que es el destino quien elige al hombre.

Ambos protagonistas ilustrados por Leila Shetty

A pesar de que la historia promete, a mí, personalmente, no me ha acabado de convencer. No sé si habrá sido porque hacía tiempo que no leía nada de Murakami y me esperaba mucho de él después de Sputnik, mi amor, o que la edición que tengo es en catalán, pero en ocasiones se me ha hecho algo pesado e incluso me daba pereza seguir leyendo. Me atrevería a decir que el libro en sí es bastante monótono (sí, hay algún suceso que te sorprende, pero vaya, en general…), e incluso ha habido momentos en los que no sabía cómo iba a continuar la historia. 

Por otra parte, en ocasiones me ha parecido algo repetitivo y algunos momentos surrealistas spoiler incluyendo todo el rollo de la flauta de las almas, las lluvias de peces y de sanguijuelas, el pueblo del interior del bosque, etcétera fin del spoiler me parecen cogidos con pinzas y tampoco he visto una clara evolución en los personajes, que han resultado ser igual de monótonos que la trama. Sí que tengo que admitir, pero, que les acabas cogiendo cariño, sobretodo a la extraña pareja que forman Nakata y Hoshino.

El libro y la idea en sí no están mal enfocados, pero la historia está tan llena de simbolismos y hay tantas cosas que relacionar que si se te escapa algo, ya pierdes el hilo y eso, en ocasiones, provoca que quieras abandonar la lectura, como me pasó a mí en un principio.

No creo que valga la pena explayarme mucho más, puesto que creo que mi opinión ha quedado clara y corro el riesgo de repetirme. Al terminarme el libro, automáticamente he pensado que debería hacer una relectura (esta vez en castellano) para poder entenderlo mejor. Y eso haré, pero en un futuro lejano. Espero poder cambiar de parecer para ese entonces.

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